abril 22, 2008

YA ESTABA ENCAMINADO

    Ya está encaminado. Así decían las abuelas cuando los nietos alcanzaban la madurez. El padre, casi siempre asustado, equivocándose a cada paso y atormentado por la formación del hijo, muchas veces no podía ver que el chiquito ese que lloraba por todo, que tenía una facilidad increíble para meterse en problemas, ya era mayor. Las abuelas, desprovistas de la responsabilidad directa de la crianza, eran sabias y podían ver que el “bebito” ya era todo un hombrecito. Y tal vez sin diminutivos. Ya estaba encaminado. Hago toda esta reflexión a partir del año y medio que mi hijo vive en West Palm Beach. La vida, la crisis limeña, la falta de oportunidades, el no tener una familia influyente; en fin, el ser parte de la mayoría de peruanos, lo llevaron a Estados Unidos. Fue dura la decisión pero acertada. Y fue terrible el dolor de la separación. Fue como si me sacaran una extremidad sin anestesia. Lloraba como loco. Llegué a creer que me moriría de la pena. Veintisiete años juntos, pasando por todo; con plata, sin plata; con miedos, con sueños lejanos; solo, casi siempre solo con mi hijo, luchando, pero sobre todo riendo. Y un día se fue. Ese chico al que enseñé a volar cometa y se ponía tenso agarrando la pita como si de eso dependiera el futuro del mundo; ese pequeño, algo más grande, un día agarró a sus dos labradores y se fue a los Estados Unidos.

febrero 07, 2008

SALUDEN CARAJO

    La gente no saluda. Es como si el saludo disminuyera a la persona. Como si el saludo costara. Como si el saludo te hiciera menos. Me acabo de mudar a un condominio. 128 familias. Me encuentro con mucha gente. Algunos saludan, es cierto. Pero hay un grupo de personas que no saluda. Miran para abajo. Miran al costado. A un lado. Al otro. Es increíble. No lo entiendo. Con mis adolescentes alumnos universitarios lo converso bastante seguido. Saluden. Saludar es decirle al otro que le interesas. Es decir que no tienes nada que ocultar. Es decir que no tienes miedo. Es decir mis padres invirtieron en mi educación y no los defraudo. No saludar es decirle a la gente nadie me educó. No saludar indica algún problema de personalidad.

noviembre 15, 2007

Jugando al muertito


(publicado en Caretas edición 2000. 31-10-07)
Apuntes para un banco de epitafios.

"No le temo a la muerte, sólo que no me gustaría estar allí cuando suceda."
Woody Allen

    La intuición es la mayor virtud que debe tener un periodista. Lo dice Jon Lee Anderson, que del oficio conoce bastante, y aunque todavía no aprobé esta materia creo que estoy cerca. Con un presentimiento que envidiaría Agustín Merino, pido a mi amigo el poeta Renato Cisneros que me escriba su epitafio. A pesar de que sus tiempos y los míos rara vez coinciden - es un tardón de mierda - Renato cumple con la solicitud a tiempo, tan a tiempo que casi se usa. Una semana después de darme su último aviso al mundo, los médicos que lo atendieron en La Oroya por un Edema de Glotis que casi termina en asfixia, dicen que estuvo a un tris de morir. - Me cagaste mi nota del día de los muertos - le increpo. Tiro al palo. Finalmente la intuición no fue tal. Esta vez no pude aprobar, Jon. Pero estuve cera. Cuando el poeta muera quiere que le pongan en su tumba:

agosto 02, 2007

A PROPÓSITO DEL 28

SOBRE LA PATRIA
    ¿Qué es la patria? Un hijo lejano, una lágrima que finalmente se puede domesticar, que salta, grita, da la patita, sale y se esconde sólo cuando yo se lo digo.
    ¿Qué es la patria? Mi madre asesinada por los medios, mi padre ausente, mi pelo teñido de rojo. Mis perros lejanos.

mayo 27, 2007

No hay sifón (3)

    "La Vieja Roticería". Así se llama el escenario de nuestro primer encuentro con la comida bonaerense. El sitio era simpático, humilde y con una comida estupenda. Ese clásico lugar, muy popular, donde comes codo a codo con la gente. La sensación es extraña pues nunca comemos así en Lima. Una vez más comprobé que aquí la comida es barata. Tome nota: Una enorme milanesa a la napolitana, 4 pesos, un bife de chorizo, 7 pesos, una porción de fritas (papas fritas) y dos botellitas de vino banco de Mendoza. Todo a 35 pesos. Diez dólares. Increíble. Y todo muy bueno. Excelente. Transcurre el tiempo y reparo en algo, el mozo no nos trajo el sifón. Durante todo el viaje le hablé a mi esposa de esta singularidad argentina. La expectativa del encuentro con el sifón era especial pues en casa tenemos uno muy antiguo. Me lo regaló en 1990 mi amigo Daniel Almirón. Viene el mozo y le reclamo cordialmente el sifón. No, me dice, el sifón ya no existe en Buenos Aires.

mayo 01, 2007

Escala en Santiago y por fin Buenos Aires

Segunda parte

El vuelo hace escala en Santiago. Hace mucho tiempo mi amigo Guillermo me dijo que los momentos más complicados de un viaje son el despegue y el aterrizaje. Maldita sea mi memoria. La frase no deja de torturarme. Ambas circunstancias me dan miedo. Trato de controlarme. No hay problemas. El aterrizaje en Santiago fue sencillo. Es madrugada y bajamos al aeropuerto. Es la segunda vez que estoy en un lugar de paso. Antes fue en Arequipa. En ambos lugares estuve unos minutos. Recuerdo que en la Ciudad Blanca vi en persona por primera vez a Gisela Valcárcel. Siempre me encantó Gisela. En esta ocasión no me encuentro con nadie conocido. Nos tomamos fotos. Pasamos el control sin problemas. Subimos a otro avión. Nadie ocupa el tercer asiento. En viaje será mejor. Ya falta poco, Buenos Aires está más cerca.

abril 24, 2007

(DE) VUELTA EN U (AP)

    Antes de seguir con las historias de Buenos Aires, una reflexión inevitable: el gran problema es que no exteriorizamos. Nos reprimimos. Siempre les digo a mis alumnos que la comunicación debemos situarla en un plano afectivo. Afecto, una de las palabras claves para comunicarse. La cultura, la iglesia, la sociedad, la escuela y nuestros padres, parecen haber firmado una alianza secreta para evitar que nuestros sentimientos se conviertan en verbo, en acción. Lo común es esconderlos y pasarnos la vida sin decirle a la gente que la queremos. Salvo algunas chelas o vinos que nos ayudan a desinhibir, nuestros afectos siempre permanecen en silencio, mudos, condenados injustamente a no llegar a su destinatario.

abril 13, 2007

Buenos Aires, quince años después

    Luego de quince años volví a Buenos aires. Junto a mi esposa vivimos 14 días inolvidables. Aquí algunas cosas que escribimos en un hostal ubicado en el límite de La Boca y San Telmo.  
    Buenos Aires. Antes de partir. 
    Uno trata de planificar algo su vida, pero definitivamente lo imprevisto es quien domina nuestra existencia. Por lo menos la mía. Por lo menos la nuestra. Hacía rato que queríamos viajar con Carmen, pero por uno u otro motivo no salía nada. Todo al interior. De pronto se juntó algo de plata y listo, ya estamos en Buenos Aires. La situación se planteó así de fácil pero las cosas se empezaron a complicar. Por lo menos en mi cabeza. Llegamos al aeropuerto con tiempo. De pronto en la cola de migraciones me entró una terrible ansiedad. Tantas películas norteamericanas hicieron su efecto. Por alguna razón que después entendí, empecé a imaginarme que me detendrían, esa noche terminaría preso y todo se iría al demonio. No había motivos. Incluso enfrenté con éxito a mis fantasmas de Inforcorp y logré vencerlos. Después de quince años, los mismos que no iba a Buenos Aires, quedé limpio. Dejé de ser aquel cliente VIP que fui casi desde la creación de la central de riesgos. Ya no tenía deudas. Pero tenía miedo. Se acerca un empleado de migraciones y me saluda.

diciembre 20, 2006

Tres lecciones sobre las mujeres. Absolutas, contundentes y definitivas. (Por lo menos para mí)

    1973. Primera lección: a las mujeres les gustan los chicos malos. Tenía doce años y vivía enamorado de Fanny. Cabello largo, risa fácil y coqueta, muy coqueta. Que el hombre llegara a la Luna era noticia antigua. Hacía tiempo que la chica con nombre de lata de atún me había lanzado a la estratosfera y yo disfrutaba de la falta de gravedad. Pero había un problema. Fanny apenas sabía de mi existencia. Tímido y acomplejado “hasta la pared de enfrente”, expresión usada por mi tío que no entendía, pero me encantaba, las posibilidades solo de hablarle, eran muy complicadas. Sin embargo, un día ocurrió lo increíble, Fanny me habló.                      Irresponsable y distraído, paseaba con mi bicicleta sin la menor sospecha de que estaba transcurriendo el mejor día de mi vida. Alguien me llamó, era Fanny. Me pidió que la "jalase" al mercado. Sí, dije con suficiencia, miedo y vergüenza. No sé por qué pero tenía mucha vergüenza. Ese día de la Luna pasé a Marte. La noticia se expandió por todo el barrio y yo era feliz. No había pasado nada importante, solo se agarró de mi cintura en una curva. Pero era suficiente. La gente lo sabía. Fanny y yo en mi bicicleta.

diciembre 06, 2006

PARIS...ESA FIESTA

    Quienes tenemos alguna pretensión literaria, no sé, escribir algo, lo que sea, sabemos que el destino ideal es Francia. Para ser más específicos, París. Si quieres ser escritor tienes que ir a París. Por lo menos esa era la convención, la moda, lo que se debía hacer o por lo menos pensar. Claro, una vez que defines que serás escritor, o por lo menos que morirás en el intento, descubres que lo de París es una locura.

FACHOS, COCINEROS, INTOLERANTES E INDIFERENTES

Las movilizaciones se han convertido en parte de la vida nacional. Me levanto y lo primero que hago es ver Twitter para saber cómo terminó l...