noviembre 28, 2016

Gracias Oliver Stone

Una buena película es como un buen libro. Una buena película, he dicho, no las que dan en la TV abierta, que suelen ser bodrios. Que estupidizan. Que vuelven idiota a la gente. Ese cine, el bueno, nos puede servir como herramienta para entender en algo este podrido mundo. No se trata de hacer una lista de las películas que son buenas o malas, simplemente quiero poner un monólogo que me impactó. En Wall Street, Michael Douglas realiza una fantástica reflexión que describe la sociedad capitalista en pleno. Toda, en su terrible obscenidad. Señores, aquí el capitalismo. Adam Smith tenía razón, la codicia es buena:

noviembre 22, 2016

SOBRE COCHINADAS


He leído libros raros, muy raros. Rarísimos. Desde que empecé en los medios, de eso hace ya tres décadas, mi trabajo siempre fue el mismo: contar historias. Sea en radio, TV o prensa, a lo que me he dedicado es a sorprender con historias originales, impensables, fantásticas. Y en ese trance, me he topado con todo tipo de literatura: los 12 tomos del Almanaque de lo insólito de Irving Wallace y David Wallechinsky,  los dos pequeños tomos de la Enciclopedia de datos inútiles de Homero Alsina Thevenet, La historia de las cosas de Pancracio Celdrán, el Ananga Ranga de Kalyáná-Malla, los dos tomos de La historia de la vida privada en la antigüedad de Philippe Ariés y Georges Duby, Piel de ángel, historias de la ropa interior femenina, de Lola Gavarrón; los 7 tomos de Historias de la historia de Carlos Fisas, una verdadera joya para los interesados; Caníbales y reyes de Marvin Harris, El deseo de las colinas eternas de Thomas Cahill, Mujeres de los dictadores de Juan Gasparini, la fabulosa Historia de la estupidez humana de Paul Tabori, y por supuesto La rama dorada, monumental trabajo de antropología de James Fraizer.
Mientras más raro el tema, más posibilidades de contar una historia original. Y en esas me encontré con El enano del rey de Eduardo Chamorro, alucinante estudio que cuenta, entre otras cosas, que hubo una edad de oro de la enanería. Sí, así como lo lee. En el siglo XVII, el enano estuvo tan bien catalogado que toda familia que se preciara deseaba tener uno. Sin embargo, la demanda de gente pequeña superó por mucho a la oferta, lo que originó uno de los absurdos más terribles de la historia. Algunos inescrupulosos empezaron a fabricar enanos. ¿Y cómo se hace eso? Pues comprando o robando recién nacidos a los pobres y metiéndolos en cajas para que no crezcan. El resultado fue horroroso. Niños deformes que terminaban abandonados. Espantoso.