diciembre 20, 2006

Tres lecciones sobre las mujeres. Absolutas, contundentes y definitivas. (Por lo menos para mí)

1973. Primera lección: a las mujeres les gustan los chicos malos. Tenía doce años y vivía enamorado de Fanny. Cabello largo, risa fácil y coqueta, muy coqueta. Que el hombre llegara a la Luna era noticia antigua. Hacía tiempo que la chica con nombre de lata de atún me había lanzado a la estratosfera y yo disfrutaba de la falta de gravedad. Pero había un problema. Fanny apenas sabía de mi existencia. Tímido y acomplejado “hasta la pared de enfrente”, expresión usada por mi tío que no entendía pero me encantaba, las posibilidades solo de hablarle, eran muy complicadas. Sin embargo un día ocurrió lo increíble, Fanny me habló. Irresponsable y distraído, paseaba con mi bicicleta sin la menor sospecha de que estaba transcurriendo el mejor día de mi vida. Alguien me llamó, era Fanny. Me pidió que la jalase al mercado. Sí, dije con suficiencia, miedo y vergüenza. No sé por qué pero tenía mucha vergüenza. Ese día de la Luna pasé a Marte. La noticia se expandió por todo el barrio y yo era feliz. No había pasado nada importante, solo se agarró de mi cintura en una curva. Pero era suficiente. La gente lo sabía. Fanny y yo en mi bicicleta.

diciembre 06, 2006

PARIS...ESA FIESTA

Quienes tenemos o tuvimos en algún momento alguna pretensión literaria, no sé, escribir algo, lo que sea, sabemos que el destino ideal era Francia. Para ser más específicos, París. Si quieres ser escritor tienes que ir a París. Por lo menos esa era la convención, “la moda”, “lo que se debía hacer o por lo menos pensar”. Claro, una vez que defines que serás escritor, o por lo menos que morirás en el intento, descubres que lo de París es una locura.

noviembre 06, 2006

LOS TRANSFORMES CON PONCHO Y UN SHOT DE PISCO

Un valse del Zambo Cavero, los goles de Cubillas, Pérez de Cuellar en la ONU. Juan Diego Flores, la medalla de Pancho Bozza, el triunfo frente a Bulgaria. El campeonato de la Sofi, Inma Sumac, un shot de pisco. Hay momentos en que el orgullo de ser peruano es una emoción incontenible. Instantes en los que sin rubor, serías capaz de lanzar loas por el lugar donde naciste. Circunstancias donde, en el colmo del amor patrio, podrías incluso reconciliarte con el duro golpe a la autoestima nacional que te da la cotidianidad. Pero como nadie es dueño de sus emociones, también hay momentos en que ese orgullo aflora de una manera más absurda. Es una rara emoción que no se exterioriza ni merece primeras planas. Rara alegría encorsetada y contenida, donde te mueres por gritar arriba Perú pero no lo haces porque sería ridículo.

octubre 14, 2006

Vamos a cobrar. (Para el ángel de vestido celeste, blusa y toca blanca)

Era un ritual. A partir del 25 de cada mes, siempre esperaba que mi madre me dijera lo mismo: Mañana vamos al hospital, es día de pago. Tendría unos ocho años y mis conceptos sobre dinero, pago, gasto y ahorro no eran muy elaborados. Simplemente sabía que era un día especial, distinto, el mejor del mes. Me ponía la ropa del domingo, y como en los paseos, la ansiedad no me dejaba dormir tranquilo, me levantaba antes que todos y era el más entusiasta del grupo. Mi ropa de domingo era un pantalón de corduroy verde, una camisa amarilla y una chompa beige. Era el atuendo de lujo, el de las fiestas, el de la misa dominical, el que me ponía para ver a Margarita, la chica de la avenida Lima. Salíamos de casa temprano sin tomar desayuno. En el paradero del parque Raimondi tomábamos la 2. Cuando llegábamos al hospital, mi madre entraba a un cuarto donde había cientos de cartones y un enorme reloj. Marcaba su entrada siempre antes de las ocho y de inmediato íbamos a la cafetería del hospital.

septiembre 24, 2006

MISÁNTROPO. (Se sugiere leerlo escuchando Yellow de Coldplay. Gracias Pepe.)

No tengo muchos amigos. Como Malraux creo que en la vida uno tiene pocos amigos. Dice el escritor que cinco es una cifra más que exagerada. "Uno puede considerarse afortunado si tiene cinco amigos en toda su vida". Por supuesto que aquí el término amigo se usa para aquella relación de amor, entrega y profundo compromiso con la otra persona. En realidad se ha devaluado mucho la palabra amigo. Amigo le decimos a cualquiera. Prefiero los grupos pequeños. Mirarnos a los ojos y decir lo que sentimos. Nada de gritos, nada de histerias ni engreimientos. Me encantan las discotecas pero solo para bailar. No aguanto hablar a los gritos. Como Ortega yo también odio las multitudes.

septiembre 11, 2006

Otro ciclo en la de Lima

En medio de la selva africana. Así me siento al inicio de cada ciclo en la Universidad de Lima. En medio de la tundra esperando a ver que aparece. A la expectativa por la inminente llegada de lo inesperado, ante nuevas aventuras, frente a gente que nunca vi y que en algunos casos, se convertirá en entrañable. Como ocurrió antes, como ocurre siempre. Si, en medio de la selva, con los sentidos afinadísimos. Adrenalina por litros, la felicidad total. Me manejo por emociones, por la intuición y esa me dice que este ciclo es especial. No sé si el mejor. Creo que si. Espero que si. Nunca lo dije antes, pero así como aseguro que el anterior, el 2006-I fue el de mayor reto, el que más aprendí de los alumnos, también siento, intuyo que este será el mejor de todos.

agosto 29, 2006

Nuevamente Silvio

Cuando voy a comprar discos me pregunto si busco algo o me dejo llevar por la oferta. Si salgo en busca de canciones o son las canciones las que te encuentran. Creo que finalmente, como cualquier adicción, uno se deja llevar y ahí, frente a la merca, en este caso la música, uno se mueve al ritmo de lo que te ofrecen.

agosto 14, 2006

LOS POLITICOS SIEMPRE CON LOS OJOS EN LA NUCA

Parece que en política siempre hacemos las cosas al revés. Cuando apareció la violencia de terrorista, de inmediato los “genios” Belaunde, García y Fujimori, decidieron tomar al toro por las astas y enfrentar la maldición terrorista. Los tres, de diferente manera pero bajo un mismo principio, aplicaron la política de tierra arrasada. Muerto el perro se acabó la rabia. Y en la lucha contra los enfermos de Sendero, se llevaron varios inocentes. Sin embargo se olvidaron de un gran detalle, lo lógico e inteligente era atacar las causas del problema, no las consecuencias. Ya lo dijo La Comisión de la Verdad en su Informe Final: AUN HOY SUBSISTEN EN EL PERU LAS MISMAS CONDICIONES DE DESIGUALDAD QUE PROPICIARON EL SURGIMIENTO DE SENDERO LUMINOSO. Ni Toledo ni mucho menos García han movido un dedo para cambiar esto.

julio 17, 2006

Enseñar en tres universidades es una maravilla.

Un regalo que me ha dado la vida. Y no lo digo solo por el hecho laboral. Que es una bendición. Lo digo además por la experiencia de conocer gente. Vidas. Sueños. Ideas. Todas las universidades me muestran la realidad de nuestro país. Segmentado, diferente. Complicado. Pero al mismo tiempo rico por esa variedad. La Fundación Universitaria San Martín de Colombia tiene alumnos de condición económica baja. Sin embargo su entusiasmo por aprender y adquirir conocimientos es enorme. Tal vez más grande que cualquiera. Se trata de estudiantes de Ingeniería de Sistemas y la relación es muy rica porque mi curso, Comunicación Oral y Escrita, no es de la especialidad pero trato de explicarles la importancia de manejar bien el lenguaje. Como muchos, algunos creen que hablar o escribir bien no es requisito para ser buenos profesionales. Y desgraciadamente la realidad les da la razón.

junio 30, 2006

FALTA DE TIEMPO. Los últimos cuatro meses fueron “complicados”. Lo pongo entrecomillado porque debido a las chambas, que es una buena noticia, me faltó tiempo para escribir, que es la mala noticia. Escribir me encanta y no hacerlo por falta de tiempo es una tortura. Alguna vez algún escritor dijo que la necesidad de escribir era como una adicción al revés, te sientes mal si no lo haces. Cada día que pasaba postergando proyectos, sin escribir nada, era como una tortura, como si estuviera haciendo algo malo. Así como cuando con mis amigos de Barranco, allá en los ochenta, íbamos a comprar algo para “levantarnos el alma” donde la negra Elena. En realidad nunca nos la levantábamos, al contrario, nos sentíamos culpables por los excesos. Tan culpable antes, por eso que nos daba Elena, como ahora por no escribir. Eso de la falta de tiempo, deben saberlo, es un pretexto. Hace unos días Jaime Bedoya, a quien acababa de conocer en una reunión en casa de mi amigo Roberto, me pidió un artículo para Caretas y a pesar de lo complicado de mi tiempo, pude escribirlo. Es cuestión de programarse y listo. Problema resuelto. Lo que ocurre es que algunos nos distraemos fácilmente. No quiero echar la culpa a nadie pero el sistema también contribuye a eso. Cuando digo sistema me refiero al Mundial. No voy a quejarme de la alienación futbolística. Soy fanático del fútbol, no solo de verlo sino de practicarlo, me refiero a que hay tantas cosas que hacer, que pasarse dos horas y a veces cuatro frente al televisor, es quemar bastante tiempo. No me siento culpable de hacerlo. Pero en realidad es un desperdicio. Espero empezar a escribir más seguido cosas actuales y no recurrir al archivo. Enseñar en tres universidades es una maravilla. Una experiencia de vida incomparable. Cada grupo es interesante, cada persona es interesante y guarda una particularidad especial. De ellos les contaré algo, lo que se pueda, más adelante.

junio 15, 2006

SACÁNDOSE EL CORSÉ

Acabo de terminar La Hora Azul de Alonso Cueto y al cerrar su última página me volvieron las preguntas de siempre. ¿Cuánto de verdad habrá en lo contado? ¿Habrá existido Míriam? ¿Existirá Miguel? ¿Cuánto de realidad y cuánto de ficción hubo en cada línea? Siempre es lo mismo. La literatura me suele dejar la sensación de haber transitado por un territorio donde no están claramente delimitadas las fronteras entre la realidad y la fantasía. Tal vez el éxito de un escritor sea construir sus historias en esos linderos. Quizás para los escritores la realidad sea un asfixiante corsé que no están dispuestos a calzarse.
Me ocurrió cuando leí El Libro de los Sueños de Jorge Luis Borges. ¿Acaso la nacionalización del petróleo iraní está relacionada con las actividades oníricas de un parlamentario? Hábil en transitar por esa jurisdicción donde la verdad se confunde con la imaginación, el escritor argentino cuenta que Mohammad Mossadehg prefirió quedarse descansando en su casa y no asistir a una sesión del congreso. Cuenta que en plena siesta soñó que un personaje le decía: "No son momentos para descansar, levántate y ve a romper las cadenas del pueblo de Irán". Mossadehg le hizo caso y reanudó su trabajo en la comisión del petróleo y dos meses más tarde se aceptó el principio de nacionalización. ¿Cambió la historia de Irán por el sueño de este personaje? Tal vez. Si antes los gobernantes griegos decidían el futuro de millones de personas por el sentido que tomaba el vuelo de los pájaros, es perfectamente posible que el destino de Irán cambiara aquella tarde que un político decidió tomarse una siesta. Pero también es posible que todo sea producto de la imaginación de Borges. 
¿Imaginación, realidad maquillada, fantasía? Todo es posible. Mientras más leo, más dudas tengo. ¿Alguien me podría decir si es verdad que en un pequeño pueblo de Francia un obrero murió de felicidad? Cuenta Flaubert que en la Catedral Gótica de la ciudad de Rouen se construyó la campana de Amboise: "En toda Europa no hay una que se le pudiera comparar. Pesaba cuarenta mil libras y era tan bella que al verla, el obrero que la fundió se murió de un ataque de alegría". Es cierto que suena hermoso que la felicidad ocasione la muerte; sin embargo, que se sepa, ese mal aún no está registrado en el vademécum médico, pero la ciudad de Rouen existe y la hermosa campana también, sobre el obrero que la fundió sólo se sabe que de un momento a otro murió de una rara enfermedad.
La verdad o no de un texto me ha ocasionado enormes conflictos. Hasta que leí a Osvaldo Soriano fui un pobre iluso que creyó conocer los arcanos de esa pasión de inocente apariencia llamada fútbol. Para mi sorpresa y seguramente la de muchos especialistas, Soriano comenta con lujo de detalles el campeonato mundial de fútbol celebrado en Argentina en 1948. Cuenta el escritor que su abuelo fue uno de los árbitros de este campeonato en donde por primera vez, y gracias a la tecnología alemana, se pudo jugar con una pelota de válvula automática. El título se lo llevó un combinado integrado por indios mapuches y fue dirigido por el hijo del legendario Butch Cassidy. Al final de leer este cuento, la pregunta se repite: ¿cuánto de lo leído es producto de la imaginación del autor y cuánto es producto de la realidad? 
A más lecturas más dudas. 
Nunca se sabrá si es cierto que Goethe sólo conoció el amor físico a los 40 años, como dice Milán Kundera en La Inmortalidad, o si los libros de arte deben leerse abriéndolos en un ángulo de 90 grados, como lo sugiere José Luis Sanpedro en La Sonrisa Etrusca. La mentira pues, parece un argumento válido en literatura. En La Decadencia de la Mentira Oscar Wilde dice que: "Así como se conoce al poeta por su bella musicalidad, de igual modo se reconoce al mentiroso en sus ricas articulaciones rítmicas... una de las principales causas del carácter singularmente vulgar de casi toda la literatura contemporánea es, indudablemente, la decadencia de la mentira, considerada como arte, como ciencia y como placer social". En La Verdad de las Mentiras, Mario Vargas Llosa profundiza en la mentira como argumento literario: “...los hombres no viven sólo de verdades, también les hace falta mentiras... la novela pues, es de una ética amoral, o más bien de una ética sui generis”. Camus aseguraba que ningún artista tolera lo real y Platón por su parte, destierra a los poetas de su república porque ejercen una función mentirosa del lenguaje.
El realidad el límite nunca se sabrá o tal vez sea el que uno quiera ponerle. Tal vez finalmente, hartos de una realidad que salvo excepciones nos rebaja como seres humanos, hayamos elegido la mentira como un cable a tierra que nos permita ver a ese primate que habla y opone el pulgar a sus demás dedos, como una criatura capaz de construir un mundo más lindo que esa fea, deforme y con mal aliento realidad que nos ha tocado vivir.

mayo 08, 2006

Estupidez intelectual

Uno de los intelectuales más respetados del país, asesor del Presidente Alberto Fujimori, llegó a un cargo directivo en canal 7. Nunca había trabajado en nada parecido a la TV pero el partido lo envió a supervisar el contenido de los programas. Un día, mis compañeros de Informalísimo pueden dar fe, nos llamó para hacernos una propuesta tan absurda como increíble. Como éramos el programa de mayor rating del canal, nos sugirió hacer algunos cambios. Según los estudios de medición, su programa es visto mayormente por gente de la clase alta. Por lo tanto de ahora en adelante sólo quiero que inviten a gente blanca. Este personaje pensaba que la gente “blanca” que nos veía, se sentiría cómoda viendo a sus similares en nuestro programa. Creía que así se aseguraba el rating. Si ven cholos cambiarán de canal, de ahora en adelante sólo quiero blanquitos en la pantalla. Un dato anexo es que el personaje en mención era historiador y tenía por lo menos 4 libros publicados. Es decir que no se trataba de un patán cualquiera que por cosas de nuestra política, devino a funcionario público. Incluso sus amigos decían que era un tipo sensible, muy simpático e inteligente. Entonces ¿qué pasó? Desde entonces recurrentemente me hago la pregunta. ¿Fue un desliz, un error o simplemente este estudioso del Perú, especialmente del período preinca, que trabajaba en un canal que llega al último rincón del país, creyó haber realizado una propuesta inteligente? ¿Acaso los intelectuales, aquellos seres encargados de pensar la sociedad, de, se supone, excelente formación, profundas lecturas y gran sensibilidad, también son susceptibles de cometer sandeces? ¿O el caso de este señor era algo extraordinario, un accidente, acaso un error de la naturaleza?. Desgraciadamente hay varios ejemplos que muestran que los intelectuales no son inmunes al virus de la estupidez. En 1930 se realizó en Lima el Sexto Congreso Panamericano del Niño. En su discurso inaugural el dictador Augusto B. Leguía habló con lujo de detalles sobre “El mejoramiento étnico”. A pesar de la audacia, la exposición mereció el apoyo de la mayoría de los asistentes que aplaudieron sin remilgos tan absurda propuesta. Ocurre que la aparente imprudencia de Leguía no era tal pues iba en consonancia del pensamiento de la época. El dictador no tuvo problemas para exponer su absurda propuesta pues tenía como base las ideas de un clásico del pensamiento sudamericano: José Ingenieros. Ingenieros aseguraba que “los negros eran una oprobiosa escoria, que merecían la esclavitud por motivos de realidad puramente biológica. Los derechos del hombre no pueden regir para estos seres simiescos, que parecen más próximos a los monos antropoides que a los blancos civilizados”. Aunque Ingenieros no manifestó nunca su admiración por las dictaduras, es contundente que tenía un pensamiento fascista. Por eso no era extraño que sus propuestas fueran tomadas con mucho entusiasmo por regímenes totalitarios. Queriéndolo o no les dio parte del marco teórico que usaron durante todo el siglo pasado para perpetrar sus abusos. Ingenuo, confiado y finalmente ignorante, uno podrá preguntarse si los poetas, aquellos personajes que no van a ningún lugar sin no están aferrados a su musa, aquellos a quienes robamos sus versos para enamorar, seres sensibles si los hay, también pueden ser víctimas del mal de la estupidez. La respuesta ya la saben: si. Ezra Pound no sólo es uno de los más reconocidos poetas de habla inglesa, también fue un gran difusor e investigador de la literatura clásica y moderna. Ayudó a publicar a D. H. Lawrence, James Joyce, T. S. Elliot, Ernest Hemingway, entre otros. Además descubrió para occidente a Tagore, Li Tai Po y Confucio. Su inquietud intelectual lo llevó a discurrir por el sinuoso terreno de la economía. Con muy buenas intenciones Pound desarrolló la teoría del crédito social y se acercó al fascismo convencido de que era la única forma de gobierno que podía llevar adelante su proyecto. Su entusiasmo fue tal que desde Rapallo, Italia, realizó incendiarios programas de radio exaltando el fascismo y atacando el "sistema económico norteamericano basado en la usura". En 1945 Arthur Miller declaró haberlo escuchado en onda corta criticar al gobierno y eso fue suficiente para que la justicia lo acuse de traición a la patria. Finalmente se le declaró insano y mentalmente incapacitado para un juicio, motivo por el cual fue confinado en un manicomio. Se dice que entre Pound y Mussolini hubo una estrecha relación, cosa que no debe sorprender pues Benito Juarez Amilcare Andrea Mussolini, era un lector insaciable de Byron, Nietzche y Goethe. Tal vez este feelling intelectual fue lo que unió a poeta y tirano. Acostumbrados a trabajar con la ideas y transitar por el territorio de la ficción, los intelectuales parecen encontrar en los sistemas totalitarios la mejor manera de abandonar el mundo de las teorías y penetrar en la realidad. Sin embargo, algunos parecen olvidar que hay pleonasmos y metáforas que la realidad no soporta. "Los sistemas democráticos son demasiados débiles. Las dictaduras en cambio tienen la fuerza suficiente para organizar la sociedad". Este pensamiento pasaría inadvertido si surgiera de un militar latinoamericano o africano, pero adquiere una dimensión distinta cuando la dice un destacado intelectual como José Santos Chocano. Chocano no creía en la democracia y de las palabras pasaría fácilmente a los hechos, primero como secretario de Pancho Villa y luego como hombre de confianza del dictador guatemalteco Manuel Estrada Cabrera. Al comienzo sólo redactaba los discursos del presidente, pero luego se convirtió en pieza importante del gobierno organizando complots y diseñando planes para acallar a la oposición. Incluso cuando el pueblo se rebeló para expulsar al tirano, Chocano no dudó de que la única salida era una masacre, descomunal pero efectiva. Sin embargo la propuesta era tan sangrienta que el propio Estrada no se animó a realizarla. Luis Alberto Sánchez decía que durante este tiempo Chocano no sólo callaba barbaridades sino que se había convertido en ejecutor de ellas. Inteligente, cultivado y hasta seductor, Chocano se convirtió en el brazo derecho del dictador. Y por supuesto que cuando cayó el régimen también estuvo al frente. Sin dudar la justicia lo condenó a muerte, pero gracias a la intervención del Papa, tres reyes, entre los que estaba Alfonso XIII, a quien Chocano dedicó los versos de Alma América, y más de 200 hombres notables del mundo que pidieron clemencia, Chocano salvó del pelotón de fusilamiento. ¿Y los pintores? ¿Acaso entre el lienzo y el caballete hay espacio para algún trazo de estupidez? Desgraciadamente si y con suficiente pintura para hacer un mural. Salvador Dalí nunca tuvo problemas para exteriorizar sus simpatías por Francisco Franco. Y lo hacía en tonos fosforescentes, como para que nadie tuviera dudas de sus simpatías. Dalí no sólo aplaudió las ejecuciones realizadas por el “generalísimo”. En una entrevista a la agencia AFP señaló que en realidad habría que fusilar tres veces más. "No estoy comprometido políticamente pero profeso admiración por Franco que ha resucitado España" decía el pintor. La lista de intelectuales contaminados por el virus de la estupidez parece interminable. Durante muchos años Gabriel René Moreno fue el científico más reputado de Bolivia. Gran parte de su vida la dedicó a investigar cerebros. No era raro verlo en La Paz comprando masas encefálicas de gente blanca, mestiza o india. Todas servían al científico más reconocido del país para realizar sus estudios. Cual Frankenstein altiplánico, Moreno tenía su laboratorio lleno de frascos con cerebros navegando en formol y una esperanza: encontrar en ellos respuesta a sus dudas. Luego de años de observación La gran figura intelectual boliviana del siglo XIX anunció la conclusión de sus estudios: "El cerebro del hombre blanco pesa entre cinco y ocho onzas más que el de indios y mestizos. Conclusión: los blancos son superiores”. La palabra de Moreno es la voz de la ciencia. Tanto políticos como indígenas asumen sin protestas sus roles de gobernantes y gobernados. Aunque los "estudios" se realizaron en 1909, durante todo el siglo XX los militares bolivianos lo citarían para justificar sus tropelías. La vida se encargaría se vengar a Moreno. Cuando murió sus colegas sintieron esa sana curiosidad científica de saber cuánto pesaba el cerebro de su fallecido colega. Dicen que cuando la pusieron encima de la balanza, ésta se movió menos que cuando le ponían el cerebro de un aborigen. De la filosofía a la poesía, de ahí a la pintura y a la ciencia.¿Y la música?. No se preocupe al fondo hay sitio. Cuando en 1942 Arturo Toscanini fue expulsado de Alemania por negarse a dirigir el Parsifal de Wagner y declararse antifascista, el régimen nazi pidió a Strauss que lo sustituyera y no tuvo problemas para reemplazarlo. Cuando Bruno Walter fue excluido de un concierto en Berlín por sus orígenes judíos, Strauss tampoco tuvo problemas para sustituirlo. Con dos colaboraciones no tuvo ningún problema tampoco para componer los Himnos Olímpicos con que los nazis inauguraron los juegos de 1936. Sin embargo se asegura que poco importaba la política a Strauss, su interés era sólo componer. Lo malo es que lo hacía para Hitler. La verdad es que Strauss nunca manifestó admiración al Fhurer ni mucho menos. En todo caso es bueno recordar que gran parte de su obra como los poemas sinfónicos Don Juan (1889) o Así habló Zaratustra (1896), la realizó antes de la llegada del nazismo. Los queremos, aplaudimos, veneramos y esperamos con ansias su ilustrado concepto. Sin embargo toda esta expectativa parece no ser suficiente para algunos intelectuales que terminan por recostar su sabiduría en las rodillas de un tirano.

mayo 05, 2006

Diego, tantas veces Diego

Parece que nuestra vida, hablo de la suya y de la mía que finalmente son las únicas que importan, siempre estará ligada a Diego. ¿Qué Diego? El único. Aquel que como Aníbal, César, Plutarco o Diógenes se irrogó el derecho a que su nombre quede inscrito en la memoria de todos, por siempre, para siempre, ligada a él. Como si antes no hubieran existido Diegos. Como si fuera el primero. 1979, mi hijo tenía un año y yo era un adolescente que se volvió responsable a la fuerza. A mucha fuerza. Creo que era verano y era tarde. Atrás quedaban los biberones y los pañales enjuagados siete veces para que “salga todo el jaboncillo” como aconsejaba mi vieja. Muy bajito para que no se despertara, prendía el viejo Zenith de 14” y veía el Mundial Juvenil de Tokio. Y ahí estaba Diego. Esa fue la primera vez. En aquellas madrugadas del 79 se presentó como un mago, un curioso mago que no sacaba conejos del sombrero ni serruchaba a una señorita, sino un prestidigitador que tenía su centro de gravedad en los pies. Y empezaron sus goles. Y el mundo empezó a conocerlo. Y quienes más lo conocieron fueron los arqueros. Primero Argentina, la verdadera tierra de arqueros. Nadie, ningún número uno fue capaz de contener al Diego. Ubaldo Matildo Fillol, aquel del padre que parecía haber perdido una apuesta que pagó en la pila bautismal, para muchos el mejor arquero del mundo en ese momento, y para otros el mejor que haya nacido en la Argentina, gateaba delante del Diez para robarle aunque sea un paño de pelota. Gatti, aquel adelantado del fútbol; Cloun, payaso por naturaleza, simpático pelucón, el mismo que le tapó un penal a Cueto y de pechito, no pudo con su genio y llamó gordito a Diego cuando aún estaba en Argentinos Juniors. Al enfrentarse, Diego le metió 4. Boca tenía su ídolo pero estaba en el equipo contrario. Diego el cebollita, el del gol a los ingleses, el de la mano de Dios, el que putea a los italianos, el que campeona con Nápoles, el amigo de Fidel Castro, el que crítica al Papa, al rey Juan Carlos, a Alfonsín, a Joao Havelange, a Berlusconi, a Pelé y a Bush. El que una tarde rebautizó a Solano como Maestrito, el que no se puede despegar de Reina, el que celebra su último gol en los mundiales desafiando a la cámara, el que sale de la cancha al lado de enfermeras para hacerse el doping, terrible doping que le haría un foul del que nunca se recuperaría. Diego el que sube de peso, el que a golpe de excesos se acerca a la muerte a quien finalmente driblea y encima le hace una guachita. Diego el adicto, el gordo que regresa del infierno. Como no va a ser Dios si derrotó al Demonio. La pelota no se mancha, dice y acepta que se equivocó. Diego el de la Tota, el que mata por sus hijas pero desconoce una cola de madres que le piden que firme a sus dieguitos, Diego el de la absurda religión, el grandilocuente, el polémico. Así es Diego y no podría ser de otra manera. Porque parece que el ídolo debe tener tufo a alcohol y a noche. A lápiz labial barato y a preservativo más barato. Porque así somos y no podríamos quererlo si fuera de otra manera. Y llegó Diego y le puso color a nuestro tedio. de porcentajes y segundas vueltas. No importa quien venga después, no importa quien gané, Diego estuvo entre nosotros. Lo que venga después a quien le importa. Ya vimos a Diego. Eso basta

marzo 29, 2006

La desgracia Latinoamericana

Todos en algún momento hemos jugado con hormigas. Allá en el parque Raymondi de mi infancia, les hacíamos caminitos, “ríos”, les poníamos migas de pan y nos sorprendíamos cuando se las ponían al “hombro” y las llevaban a sus “casas”. Jugábamos con las hormigas pero nadie, por lo menos nunca lo supe, iba a tener hormigas de mascotas. Nos divertíamos con ellas pero no llegábamos a amarlas, nadie quería una hormiga y no teníamos sentimiento de culpa por ello. Cuando se perdían nuestros perros o algún gato enamorado desaparecía por algunas semanas, nos preocupábamos, pero nunca se supo de alguien que sufriera por la muerte de alguna hormiga. El dictador salvadoreño Maximiliano Hernández si amaba las hormigas. Maximiliano Hernández quería a las hormigas más que a los hombres. Matar a un hombre no le ocasionaba cargo de conciencia pues de todas formas reencarnará, pero quien mate a una hormiga es condenado a muerte. Los pobres insectos no reencarnan, mueren definitivamente, asegura el dictador de El Salvador, de profesión brujo y teósofo. Alucinado, excéntrico, loco, Hernández no fue al manicomio sólo porque era Presidente de la República. En algunos casos sus locuras podían alcanzar el mismo nivel de los absurdos cometidos por el mismísimo Rafael Leónidas Trujillo. En el patio presidencial, junto a las estatuas de los héroes nacionales, Hernández escondía su secreto mejor guardado: botellones con agüitas de colores que curan todos los males. La azulita sanaba la gripe; la morada, la tos y la colorada, la bronquitis. Sólo sus ministros pueden usar las aguas milagrosas, el pueblo no, a ellos los cura de otra manera. Para combatir una epidemia de viruela, Hernández ordena forrar con celofán rojo todos los faroles de la calle. ¡Esta es la mejor forma de espantar a la peste!, dice con la satisfacción del deber cumplido. Y si de crápulas hablamos no podemos dejar de lado a François Duvalier. En su república ideal no encajaban los profesionales. Para gobernar, decía, no hacen falta, médicos, economistas ni planificadores. Un buen gobierno sólo necesita un brujo. Un sabio en magia negra que te ayude a solucionar los problemas de la nación, señala. Por eso el Presidente vitalicio de Haití siempre despachaba al lado de su hechicero de confianza. Un día, en mensaje al país, pide que la población lo ayude a exterminar a los perros negros. ¡Todos los perros negros irremediablemente irán a la cárcel. Matar a un perro negro, es ayudar al país!, dice Papa Doc que emite una ley para que el exterminio de los perros sea legal. Cuando se entera que ya no queda uno sólo en Port-au-Prince duerme tranquilo. Su brujo le había dicho que su peor enemigo se había convertido en uno de ellos. La lista de fantoches continúa y sus dislates también. En Guatemala Jorge Ubico emite un decreto que señala que su gobierno no construirá más hospitales pues sólo se enferman los maricones. Como es lógico los médicos huyen y la gente muere. En Nicaragua la dinastía Somoza no sólo tiene el monopolio de los fósforos, cigarros, colchones, rones, ataúdes y un largo etc., además ha creado Plasmaféresis S.A. empresa que saca sangre a los más necesitados para venderla a los Estados Unidos. Transilvania en medio del Caribe. Militares argentinos, uruguayos y brasileños hicieron lo suyo para recordar que en materia de sandeces el sur también existe. Unos tocan la marcha nupcial antes de violar a sospechosos de terrorismo, otros señalan que los partidos políticos no son esenciales para una democracia y que El Vaticano es el ejemplo pues sin partidos vive una real democracia. También hubo quien prohibió los grabados eróticos de Pablo Picasso por eróticos y el libro Historia del Surrealismo, porque hablaba de revolución, revolución en la poesía. Sabrosas anécdotas, singulares historias, curiosos relatos que muchas veces provocan risa y asombro. Pero no hay que equivocarse pues tras cada “ocurrencia” de estos dementes disfrazados de presidentes, podemos encontrar la raíz de la desgracia Latinoamericana. Gran parte de esta monumental pobreza que sufrimos, que a veces parece endémica, es el resultado de esos gobiernos de opereta. Administraciones que, no pocas veces, estuvieron auspiciadas por las “grandes potencias democráticas”. Aunque hoy la dictadura parece un sistema de gobierno solo concebible en un manicomio o en un museo, la democracia ha demostrado que también puede albergar y auspiciar a estos fantoches.

febrero 16, 2006

Por supuesto que amo a los dictadores

No hay dudas, Velasco era un tipazo. Hacía dos semanas el terremoto había arrasado Yungay la tierra de mi vieja. Todo era feo, oscuro. Habían muerto mi abuelo y mi tío Perico, el preferido, el deportista, el ganador. La casa, aquel enorme rancho con huerta y acequia que pasaba por medio del patio, terminó sumergida en el lodo, y aquel bello pueblo, “la Suiza peruana” se había convertido en camposanto. Nosotros vivíamos en Lima y el terremoto también había destruido parte de Barranco. Como tantas, nuestra casa se derrumbó y junto a mi madre y hermana, terminamos durmiendo en una carpa del Estadio Municipal. Un día, en medio de este desastre, se anunció en alta voz que el general Velasco nos convocaba a la JAN, Junta de Asistencia Nacional. Dos semanas después de la tragedia, justo cuando más necesitábamos ayuda, el General nos dio una mano. Llegamos y ahí estaba junto a su esposa Consuelo. Aquel día nos llevamos tres kilos de arroz y dos frazadas. Posiblemente nos dieron algo más pero eso es lo que recuerdo. Al volver, mi madre se deshacía en elogios hacía Velasco. Yo no tenía dudas: el General, aquel dictador como lo llamaban, era un tipazo. Tenía 8 años y para aquellos migrantes que nos sentíamos extraños en un país que nos llamaba invasores, escuchar la predica nacionalista de Velasco fue una reconciliación. Por eso todas las tardes con mis amigos del parque Raymondi cantábamos el himno de la revolución. Mi impronta política fue con un dictador y me caía bien. Sin embargo la universidad, History Chanel y el suplemento Dominical de El Comercio, me hicieron comprender que la dictadura es la peor forma de gobierno. Que tras un tirano siempre hay abusos, violación de los derechos humanos, persecuciones y por supuesto una prensa controlada. Sin embargo y a pesar de haber transcurrido más de 40 años, yo sigo amando a los dictadores. No por su prédica política sino porque descubrí que a tras ellos hay un entusiasta auspiciador de la estupidez humana. Como no los voy a amar, si gracias a sus absurdos, disparates, extravagancias y dislates, pude llenar cientos de horas en radio y TV y páginas de páginas en varios periódicos. Sin ellos mi trabajo hubiera sido muy difícil. No dudo en decir que con ellos tengo una enorme deuda de gratitud. De todos los tiranos, tres son mis favoritos. En primer lugar, encima de todos, en el podio, como ganador de la medalla de oro del dislate, se encuentra el dominicano Rafael Leónidas Trujillo. Padre amoroso, progenitor responsable, el dictador no sabía qué regalo hacerle a su hijo Ramfis por su tercer cumpleaños. El delfín del tirano ya tenía todos los juguetes, toda la ropa y todo lo que cualquier niño pudiera imaginarse. Así que casi no quedaba opción. La mañana anterior al onomástico, se iluminó la mente del preocupado padre. Ordenó que se convocara a la plana mayor del ejército para comunicarles una noticia. Y ahí frente a sus más fieles mastines, comunicó la buena nueva. Desde ese momento Ranfis con apenas tres años, se convertía en coronel del ejército. Que los cumplas feliz Ranfis. Trujillo era increíble. Cuando uno de sus infaltables asesores le dijo que su popularidad estaba en caída, emitió un dispositivo que obligaba a los vendedores de estampitas, ofrecer su imagen junto a la de los santos más populares. Por supuesto, como se trataba de uno de los “grandes militares de historia”, posó en la fotografía con la espada del Cid Campeador y el sombrero de Napoleón. Sin embargo la foto no salió bien pues el tirano descubrió que tenía abundante papada. De inmediato ordenó a escultores y dibujantes desaparecer de sus obras el abundante rollo de carne. Artista que ponía papada, artista que terminaba en el calabozo. Uno de los motivos por los que amo a Trujillo es porque su estupidez parecía no tenía límites. En 1936 dictó una ley que prohibía a la gente caminar descalza. Aquel que no tenía zapatos o cualquier cosa que se le parezca, terminaba caminando por el frío suelo del calabozo, y no salía hasta tener como fianza por lo menos un par de zapatillas. El espíritu de esta ley, o como diría un fallecido político, la interpretación auténtica, era tan simple como absurda: Trujillo monopolizaba la venta de zapatos y con el dispositivo quería aumentar sus ya monstruosas ventas. Aunque creo que el background de tonterías de este personaje es insuperable, no se puede dejar de lado honrosos intentos por tratar de sacarlo del podium. En materia de estupidez, hay que saberlo, los seres humanos luchamos por superarnos. Ejemplos sobran. Para resguardar la moral y las buenas costumbres de los españoles, el “generalísimo” Francisco Franco emitió una serie de dispositivos que reglamentaban el uso de ropa interior femenina en los espectáculos. Antes de cualquier estreno un "experto" se encargaba de constatar si las actrices y bailarinas usaban bragas con las dimensiones aceptadas por el régimen. Ropa interior sin los centímetros sugeridos era decomisada, por supuesto, con la propietaria adentro. Su lucha contra lo que él consideraba impudicia, procacidad y desvergüenza, lo llevó hasta las viñetas. Para evitar que los españolitos incuben pensamientos libidinosos, el dictador también ordenó que las caricaturas, aquellos seres de papel y tinta, no se pasaran de la raya. Por orden de Franco, en todas las redacciones había un dibujante experto en alisar bustos y derrieres. “Ninguna mujer debe mostrar pechos ni trasero; hacerlo sería terrible para la moral del español del futuro”, afirmaban los censores al tiempo que desaparecían cuanta redondez asomara por las viñetas. Pero Franco sólo llega al Olimpo del absurdo cuando en 1940 emite un dispositivo prohibiendo la palabra “supositorio”. El dictador creía que este término era una invitación a prácticas sodomitas. Los más perjudicados con la norma fueron los propietarios de los laboratorios que tuvieron que vender su producto con nombres alternativos como "remedio posterior", "cilindro antigripal" o simplemente “supo”. ¿Franco o Trujillo? Difícil saber quién es el non plus ultra de la estupidez humana. La elección se complica más aún debido a que muchos años después un grupo de entusiastas militares sudamericanos se encargó de convertir en simples anécdotas los excesos cometidos por ambos dictadores. En 1976 la Junta Militar uruguaya emitió un comunicado prohibiendo las siguientes palabras: hambre, paloma, clandestino, verano, verde, contracanto y reforma agraria. Ellas, aseguraban, atentaban contra el orden establecido. “Quien se atreva a mencionar tan sólo uno de estos términos será acusado de terrorismo”, afirmaban. Como si los absurdos no fueran suficientes ese mismo año, se emitió un dispositivo complementario que prohibía a los presos políticos silbar, cantar, reír, caminar rápido, dibujar o recibir dibujos de mujeres embarazadas, parejas, mariposas, estrellas o pájaros. Cuenta Eduardo Galeano, que por aquellos años se hizo conocido el caso de Milay, hija del profesor Didaskó Pérez que, a pesar de sus siete años, fue detenida por sospecha de terrorismo. El delito de la menor fue llevar a su papi el dibujo de unos pajaritos. Que los hombres somos capaces de viajar por el espacio, componer poemas que nos emocionen hasta cortarnos la respiración, escribir música que calme a las fieras y hacer goles como Ronaldinho, es algo que comprobamos todos los días, sin embargo, como si estuviera inscrito en nuestro mapa genético, también somos capaces de realizar las estupideces más grandes y con eso hacerle daño a millones de personas. Así somos, ondulantes existencias que pueden contener a Dios y al diablo, lo sublime y lo diabólico. Tal parece que inevitablemente esas son las características del hombre. Un ser destinado a lo extraordinario y a lo ridículo.