diciembre 07, 2005

Tres tristes historias (cortitas)

LA “DESINSTALACIÓN” Y LA EDUCACION El premio Nobel J. K. Galbrait dice que no puede haber desarrollo si no hay un buen proyecto educativo. Es decir que aquel país que quiere salir de pobre primero debe educar a su gente. Mientras los profesores japoneses ganan al mes 3 mil dólares, los peruanos cobran 200 cada 30 días. El gobierno de Alemania gasta al año por cada alumno 5 mil dólares. En ese mismo lapso el gobierno peruano sólo invierte 250 dólares por estudiante. De los 60 mil colegios nacionales y particulares que hay en el Perú, sólo 200 brindan condiciones adecuadas para la educación. León Trahtemberg dice que si se pudiera filmar una clase del colegio Nuestra Señora de Guadalupe de hace 100 años y se comparara con las que se imparten hoy, no habrían mayores diferencias. Nuestro presupuesto para educación sólo es comparable al de los países africanos. ¿Sabrán esto los congresistas? NO ENTIENDO LA ECONOMÍA Dicen que los años dan sabiduría pero en materia de economía, por lo menos yo, sigo rebuznando. Por qué un trabajador que gana mil soles paga impuesto a la renta y las Empresas Eléctricas que deberían pagar 50 millones por el mismo concepto no lo hacen. No entiendo por qué el 25 por ciento del presupuesto se va en pagar la deuda externa. “Es para acceder a los créditos”, dicen los expertos. Sin embargo el 2004 esos créditos fueron de 8075 millones de soles y nuestros pagos de 9994 millones. 1869 millones de soles más de lo que nos dieron. A pesar de mis años no entiendo la economía. ¿Acaso alguien la entiende? PRIORIDADES
La mortalidad infantil en el Perú es una de las más altas de América y el Caribe, dice el Banco Mundial. Pero a los congresistas prefieren debatir sobre su bono por “desinstalación” La OPS dice que en el Perú hay 47 mil enfermos de tuberculosis, la tasa más alta de América Latina. Pero Xavier Barrón está más preocupado en el nuevo diseño de la camiseta de la selección. Mortalidad infantil en menores de 5 años: 56 por mil nacidos vivos. “El caso peruano es de los peores de la región”, dice el BM. Para el congresista Alfredo González hay cosas más importantes, como denunciar penalmente a los miembros de la CVR, por los “excesos” cometidos. El país va rumbo al despeñadero y una vez más los políticos miran para otro lado.

octubre 23, 2005

Bikinis solo en foto

La historia universal del humor no le ha dado al generalísimo Francisco Franco el lugar que merece. Aunque su dictadura produjo mucho dolor y muerte, varias de sus disposiciones para “salvaguardar la moral de los españoles”, son dignas de figurar junto a los mejores gags de Laurel and Hardy o Abott y Costello. Obsesionado por evitar “la exposición irresponsable del cuerpo, origen del pecado”, Franco emitió severas normas para aquellos que osaran mostrar sus carnes. Como es lógico las playas y piscinas fueron centros plagados de guardias civiles encargados de hacer cumplir la ley. “El baño al aire libre en playas o piscinas es altamente higiénico y saludable, pero con pretexto de él se cometen gravísimos escándalos”, dice una ordenanza que resalta el valor de las playas separadas para hombres y mujeres, absurdo que existió durante el franquismo aunque en reducido número. Quien iba a una playa mixta debía tener en cuenta lo siguiente: - No usar nunca un traje de baño que sea provocativo. - Si quiere tomar sol, sólo se hará a distancia prudencial de las personas de sexo opuesto. Aunque no se especifica cuantos centímetros corresponden a “distancia prudencial”, se sabe que no había problemas si uno tomaba sol a cinco metros del sexo opuesto. La norma advierte a los guardias tener mucho cuidado en las piscinas “ donde hay menos espacio y mayor aglomeración. Una persona de buena conciencia jamás acudirá a una piscina mixta” Bombardeado por la moda del bikini, en 1970 el Tribunal Supremo levanta la censura a esta prenda. Por fin los españoles podían disfrutar del bikini…. pero sólo en fotografías: "No es posible desconocer que el bikini se utiliza no sólo a diario, durante las temporadas estivales de baños, muy dilatadas en algunas regiones de nuestro país, en playas y piscinas, sino también en espectáculos públicos cinematográficos y en la prensa, por lo que siendo indudable, aunque censurable en puros principios de moral, que la sociedad viene admitiendo y tolerando desde algunos años el uso público de tan trivial atuendo femenino, no puede considerarse que la fotografía constituye una ofensa a la moral". Decía la disposición. Francisco Hermenegildo Paulino Teódulo Franco Bahamonde, no es el único responsable de este desaguisado, las autoridades católicas fueron entusiastas impulsoras de estas normas que abarcaron otros campos. Sobre las excursiones decía: “a los inconvenientes de usar un baño mixto hay que añadir los que provienen de la frivolidad, ligereza y libertad excesiva de un día de excursión. Los padres católicos no permitirán jamás a sus hijas semejantes excursiones mixtas”. Las obras de arte que mostraran personas desnudas o cubiertas con tela transparente, también fueron materia de censura. “ estas imágenes que representan escenas, posturas, etc., son gravemente provocativas para la mayor parte de la gente. Son reos de grave escándalo los que las pintan o esculpen, los que las exhiben al público en oficinas, escaparates, jardines, cines, etc., o las venden indistintamente a cualquiera, aunque sea so pretexto de que son obras de arte”. Para el Tribunal Supremo de España un delito de escándalo público lo constituye “ la exposición de doctrinas inmorales, la exteriorización de ideas, opiniones o conceptos atentatorios a los principios morales, consagrados como básicos e intangibles por las normas vigentes en la comunidad. Tal exposición puede suponer un peligro para los valores éticos. Franco veía fantasmas en todo sitio por eso advirtió sobre los espectáculos artísticos, inevitables “focos de corrupción”. “Son gravemente escandalosos los espectáculos en que se representan cosas notablemente obscenas, o en los que aparecen personas medio desnudas, o se dicen cosas altamente provocativas. chistes o coplas indecentes, etc”. Todo estaba bajo sospecha durante el gobierno de Franco, incluso el baile. En términos generales las autoridades desaconsejaban el baile moderno en donde se producía contacto “por los grandes peligros que encierran, sobre todo para los jóvenes de uno y otro sexo”. La sociología política nos debe la lista de las dictaduras que cometieron más gazapos, mientras eso ocurre aquí este reluciente botón de un gobierno fértil en absurdos y monumental en estupideces.

junio 14, 2005

Credo quia absurdum

Fe, decía el jesuita Anthony de Mello, es entrar a un restaurante de lujo sin un céntimo y encargar una docena de ostras con la esperanza de hallar una perla con la cual pagar la cuenta. Tertuliano definía la fe como un sentimiento que va más allá de la razón, un espacio donde se cree sin necesidad de entender. Una frase refrendaba su idea: Credo Quia Absurdum: creo porque es absurdo. La fe es la base de la existencia humana y también la base de la religión. Cuando el hombre no encuentra respuestas a sus incertidumbres surge la religión para absolver todas las interrogantes. Que esas respuestas se hallen en las antípodas de la razón importa poco, lo imperativo es encontrar un bálsamo para sus dudas. Aunque esa fe permitió al hombre trascender sus estrechos límites y relacionarse con lo divino, en no pocas ocasiones esa fe también lo llevó a adherirse a grupos que en lugar de enseñarle el camino al cielo, terminaron por depositarlo en el territorio del ridículo. Uno de esos grupos fueron los Venustiani. Su singular doctrina se basaba en la creencia de que Dios y Satán compartían la responsabilidad de la creación del hombre. Según ellos Dios nos había creado de la cintura para arriba y el diablo de la cintura para abajo, por lo tanto lo que ocurría del ombligo para el suelo era responsabilidad demoníaca. Demás está decir que los Venustiani realizaban monumentales orgías que casi siempre terminaban en crímenes. Los Lothardi concebían un dogma de fe más particular aún. Afirmaban que los hombres estaban obligados a llevar una vida moral sólo mientras estuvieran al nivel del suelo pero a una profundidad de tres elles, (un elle equivale a siete décimos de yarda y una yarda 91 cm. aprox.) las normas morales perdían validez. Esta era la justificación para que los Lothardi celebraran imaginativas orgías sexuales. Una vez en la superficie estos fanáticos eran ciudadanos comunes y corrientes y en algunos casos hasta ilustres. Aunque estos grupos operaron en toda Europa, la zona oriental fue el terreno más fértil para su surgimiento. Durante varios años operaron en Rusia los Chileniki. Su líder el campesino Taxas Maxim, afirmaba que Dios le había comunicado que el pecado era el primer paso en el camino hacia la salvación. "Más peco más cerca me encuentro del cielo" pudo haber sido el slogan de este original grupo que contó con miles de seguidores. Los Purificantes nacieron en Siberia y tuvieron influencias hasta Finlandia y el sur de Rusia. Consideraban que como el pecado había llegado al mundo a través de Eva, sus hijas eran el camino para obtener la salvación, en otras palabras: para lograr el cielo había que cometer todos los excesos posibles con las mujeres. Los Purificantes desarrollaron conductas masoquistas que casi siempre terminaban en muerte. Entre sus seguidores más entusiastas se encontraba Sacher Masoch. Los Adamitas también elaboraron una doctrina que mezclaba sexo y religión. El requisito básico para ingresar al grupo era asistir desnudo a escuchar misa. Justificaban esta actitud aduciendo que la virtud era real cuando la tentación estaba cerca y podía superarse. Sin embargo el dogma era teórico pues sus misas terminaban en orgías descomunales. El universo de excesos tiene propuestas para todos los gustos, desde los Rusos Errantes, que aseguraban que el mundo estaba en manos del demonio por lo tanto no valía la pena evitar el pecado, hasta los Euquitas, que celebraban orgías y mataban y bebían la sangre de los niños engendrados, la oferta es bastante amplía. Pero quienes se encuentran en la cima del delirio son los Skopsi. Este grupo estaba liderado por Akulina Ivanovna quien se hacía llamar la " madre de Dios " y por Blochin llamado por sus seguidores "Cristo". Este último era un vago que de joven se castró pensando que de esta manera escapaba a las tentaciones de la carne y se purificaba. La doctrina de los Skopsi consistía precisamente en encontrar la salvación por medio de la castración. Como al comienzo no encontraban adeptos, no era raro verlos por las calles de Moscú en busca de parroquianos que purificar, léase castrar. Se estima que en su mejor año de cosecha llegaron a castrar 690 hombres. Los Skopsi nacieron en 1772 y aunque incorporaron a su secta a varios castrados a los pocos años estuvieron a punto de desaparecer. Lograron superar este difícil momento gracias a las reformas realizadas por Kondrati Selivanon, apodado "Cristo Pedro III" que permitió la adhesión virtual al grupo, es decir que las castraciones se podían realizar simbólicamente. Hace diez mil años el hombre de Neanderthal enterraba a sus muertos junto al fuego con la esperanza de que se calentaran y volvieran a la vida. Fue quizá en ese momento que comenzó a desarrollarse una cultura exclusiva para lo espiritual. Desde entonces, ya homo sapiens, no se ha detenido y aunque en ese trayecto la estupidez lo alejó muchas veces del cielo, parece no haber perdido la esperanza de comprobar su origen divino.

junio 01, 2005

Pasión de inocente apariencia

Ahlers, Müller, Mohr. Maier y Maack… Cuando ya me haya olvidado hasta el último verso de Goethe, voy a recordar siempre la delantera del Bayern München. Walter Jens. Filósofo alemán. Eran diez y faltaba uno para completar el equipo. Corrían los años treinta y un cuadro europeo visitaba Puerto Rico. Como no podían dejar de entrenar, los futbolistas pidieron a las autoridades de una universidad que armen un cuadro. A los maestros no se les ocurrió mejor idea que llamar a su alumno Luis Arocena para la formación de la escuadra. Sus casi dos metros de estatura y principalmente su condición de argentino, eran crédito suficiente para asegurar que algo sabía de ese extraño deporte que no despertaba el menor interés de los caribeños. Pero había un problema. Eran diez y faltaba uno para completar el equipo. A pesar de sus búsquedas, Arocena sólo pudo conseguir diez jugadores. En toda la isla no había uno más que tuviera las mínimas aptitudes para la práctica de este deporte. Cuando estaba a punto de darse por vencido, le avisaron la llegada de un alumno nuevo. Se trataba de un peruano que aunque tenía las piernas flacas se veía en buen estado. Posiblemente por la cabeza de Arocena desfilaron José María Lavalle, Adelfo Magallanes, “Lolo” Fernández y como no, “Manguera” Villanueva, integrantes del famoso “rodillo negro”, el mejor equipo del mundo, según los comentaristas chilenos. Algo de fútbol debe saber este peruano se habrá dicho y fue en busca de su jugador número once. Luego de una larga negociación logró incluirlo en el equipo como puntero izquierdo pero su actuación fue decepcionante. El jugador era miope y al parecer no tenía ni idea de la existencia del “rodillo negro”. Aquel peruano que integró esta especie de selección resto del mundo era el maestro Luis Alberto Sánchez. El casi desconocido poeta peruano Juan Parra del Riego tuvo más suerte con el fútbol. Quienes lo conocieron aseguran que fue un excelente jugador. Una enfermedad, que finalmente le causó la muerte, fue el motivo de su alejamiento de las canchas. Parra del Riego pasaría a la historia por juntar dos actividades aparentemente antagónicas: fútbol y poesía. El delantero del Peñarol de Montevideo Isabelino Gradín, le inspiró uno de sus más bellos polirritmos: Gradin, róbale al relámpago de tu cuerpo incandescente Otra azul velocidad para mi frente, Tú, que cuando vas llevando la pelota nadie cree que así juegas: todos creen que patinas y en tu baile vas haciendo líneas griegas que te siguen dando vueltas con sus vagas serpentinas Parra del Riego llegó a pensar que el fútbol podía servir para algo más que divertirse. “Mi raza está perdida irremisiblemente si América no la escucha y la defiende. Quizás si mis indios jugaran al fútbol, hallarían en este maravilloso deporte su redención” El “Loco Parra”, como lo conocían en Montevideo no fue el único que vio en el fútbol algo más que patear una pelota. “Quería tanto a mi equipo, no sólo por la alegría de la victoria, tan maravillosa cuando está combinada con la fatiga que sigue al esfuerzo, sino también por el estúpido deseo de llorar en las noches luego de cada derrota. Después de muchos años en que el mundo me ha permitido variadas experiencias, lo que más sé, a la larga, acerca de moral y de las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”. Las declaraciones corresponden a Albert Camus, arquero del RUA de Argelia durante la temporada 1933-34. Para el premio Nobel de literatura, el fútbol era como la vida. Hasta 1949 García Márquez consideraba que ir al estadio a ver un partido era insípido y tonto. Luego descubrió que los verdaderamente insípidos y tontos eran los que no habían descubierto los encantos de este deporte. En junio de 1950 Gabo ingresa por primera vez a un estadio y descubre el poder seductor de este deporte. En el diario El Heraldo de Barranquilla escribe su primera crónica de fútbol luego de ver un partido entre Junior y el Millonarios de Bogotá: “Y entonces decidí ir al estadio. Confieso que nunca en mi vida he llegado tan temprano a ninguna parte, y que de ninguna tampoco he salido tan cansado…. Si los jugadores del Junior no hubieran sido ciertamente jugadores sino escritores, me parece que el maestro Heleno, habría sido un extraordinario autor de novelas policíacas. Su sentido del tacto, sus responsables movimientos de investigador y finalmente sus desenlaces rápidos y sorpresivos le otorgan suficientes méritos para ser el creador de un nuevo detective para la novelística de policía…. Y esto por no entrar con los Millonarios, cuyo gran Di Stéfano, si de algo sabe es de retórica “ Pero del Río de la Plata vendrían los mayores aportes intelectuales. En 1929 el escritor bonaerense José Gabriel intentó mostrar la superioridad estética de un partido de fútbol con respecto al ballet. Comparación que repetiría tiempo después el uruguayo Carlos Negri. Ese mismo año Jorge Romero Brest, crítico de arte y profesor de educación física, establece un paralelo entre el elemento rítmico del cine artístico de aquellos años y el deporte de masas. Más recientemente el sociólogo Juan José Sebreli realizaría un importante aporte desde su especialidad. “Fútbol y Masas” es un trabajo que trata de descifrar el misterio que encierra el más contundente de los fenómenos de masas. Desde Shakespeare, que en el rey Lear hace decir al duque de Kent que el fútbol es una actividad bárbara y vil, hasta Ortega y Gasset que lo consideraba el responsable de la irrupción de las masas, causa de todos los males contemporáneos, pasando por Borges y Nietzche; las relaciones entre el fútbol y algunos intelectuales no han sido nada buenas. Sin embargo un grupo de trabajadores del pensamiento se dejó atrapar por esta pasión de inocente apariencia, como llamaba el escritor Osvaldo Soriano al fútbol, y han sido capaces de vibrar en un partido de fútbol como lo hacen ante la lectura de un clásico.

mayo 24, 2005

¡Te dije que estabas enfermo! *


El epitafio ha perdido el protagonismo que tuvo. La cultura moderna, práctica, y apresurada, lo ha reducido a un simple trámite, tal vez el menos importante del rito funeral. Pero no siempre fue así. Reflexivo, sarcástico, lírico o simplón, el epitafio solía tener la personalidad del inquilino que habitaba tras el mármol: Aquí descansa entregado a los gusanos el cuerpo de Benjamín Franklin impresor. Como la cubierta de un viejo libro al que le han arrancado las hojas cuyos dorado y título se han borrado pero no por esto la obra se habrá perdido, pues reaparecerá cual lo creía en una nueva edición revisada y corregida por el autor. Al comienzo sólo se ponía el nombre del muerto y junto “hombre o mujer de bien”. Luego se agregó el clan al que pertenecía. Fue en la antigua Roma donde el epitafio ascendió en la escala social mortuoria. Una inscripción anónima muestra el espíritu de aquella época: He vivido mezquinamente durante toda mi vida, por eso os aconsejo que viváis más placenteramente que yo, la vida es así, se llega hasta aquí y ni un paso más, amar, beber, ir a los baños, eso es la verdadera vida, después no hay nada, no os fíes de los médicos. STTL Las siglas finales significan: Sit tibi terra levis, (séate la tierra ligera) cuyo equivalente cristiano es RIP (Requiescat in pace) o descanse en paz. Hay epitafios para todos los gustos. Soberbios y sin resquicio de remordimientos, como el de Sardanápalo: No he hecho más que comer, beber y darme al placer; todo lo demás me ha parecido nada Reflexivos como el que se lee en la tumba de Platón: Esta tierra cubre el cuerpo de Platón. El cielo contiene su alma. Hombre, sea quien fueres, respeta sus virtudes si eres honrado” Y obvios como el del Marqués de Sade: “SI no viví más fue porque no me dio tiempo” El epitafio tenía una importancia sólo comparable a la que hoy tiene el testamento. Todos preparaban el suyo pues la muerte, ayer como hoy, nunca se tomó la molestia de avisar. En 1673 Moliere estrenaba la obra: “El enfermo imaginario” y en medio de la función el enfermo empeoró y murió. Pero este “detalle” no lo iba a sorprender sin epitafio, por eso antes de partir Jean Bautista Poquellín, ese era su verdadero nombre, pidió a uno de sus actores que en su lápida pusieran la siguiente inscripción: Aquí yace Moliere el rey de los actores. En estos momentos hace de muerto y de verdad que lo hace muy bien. Dicho esto, el genio murió. A algunos no les alcanzó con las palabras. Arquímedes pidió que en su epitafio se grabara un cilindro dentro de una esfera, con el propósito de recordar a quien pasara, que a esas figuras les dedicó gran parte de sus investigaciones. En la tumba del matemático Jacques Bernoulli se ve grabado un espiral equiangular y la siguiente inscripción: “Eade, mutata resurgo. Aunque cambiado resurgiré.” Bernouli había descubierto un espiral que aparece en lugares tan dispares como telas de araña, conchas y disposiciones de semillas. Posiblemente, aunque sea bajo esas formas, pensaba regresar.

febrero 02, 2005

Una Enfermedad Llamada Amor

Desmayarse, atreverse, estar furioso, áspero, tierno, liberal, esquivo, alentado, mortal, difunto, vivo. Leal, traidor, cobarde y animoso; No hallar fuera del bien centro y reposo, Mostrarse alegre, triste, humilde, altivo, Enojado, valiente, fugitivo, Satisfecho, ofendido, receloso; Huir el rostro al claro desengaño, beber veneno por licor suave, olvidar el provecho, amar el daño, creer que un cielo en un infierno cabe, dar la vida y el alma a un desengaño. Esto es amor; quien lo probó lo sabe. Lope de Vega. Sarampión, varicela, paperas, escarlatina y amor. Desde hace siglos no pocas mentes privilegiadas han considerado que el amor es una enfermedad que bien merecería un tratamiento médico. Hay quienes creen que la idea tiene mérito suficiente para entrar en la historia universal del absurdo, otros aseguran que quienes ponen al amor en la categoría de enfermedad, simplemente son unos adelantados. Antífanes fue uno de los precursores en la difusión de esta idea. El sabio griego había observado el cambio que experimentaban sus amigos cuando se enamoraban. Luego de varias semanas de investigación aseguró que el amor era una enfermedad que sólo padecen los débiles. Un hombre en pleno uso de sus facultades es inmune a esta afección, solía decir. Siglos después García Márquez no sólo refrenda lo afirmado por Antífanes sino que abunda en detalles. “El amor es una enfermedad al hígado que contagia y ataca a los que tienen una alimentación deficiente o una dieta cargada en proteínas. Pero como la ciencia no ha podido elaborar una terapéutica apropiada, optó por elevarlo a la categoría de sentimiento”, señala. Gabo advierte que lo más peligroso de esta enfermedad es su carácter teatral. " Tan pronto como se presentan los primeros síntomas, el paciente se vuelve impaciente, elabora argumentos, monta su aparataje escenográfico con el más complicado sistema de bambalinas suspirantes de telones decorados a brochazos de lírica timidez; y empapela las paredes de su pensamiento con cartelones aparatosos que anuncian una conmovedora obra ceñida a los cánones de un auténtico dramatismo de escuela... " Pero quien realiza los mejores aportes es Umberto Eco. En El Nombre de la Rosa cita la obra Speculum Amoris, en la que Fray Máximo de Bologna describe al amor como una enfermedad rebelde muy difícil de combatir pues quien la padece rehusa ser curado. El propio Eco hace alusión a Basilio de Ancira quien parece ser un verdadero experto en la materia. Sus investigaciones le hacen afirmar que la enfermedad del amor entra por los ojos, y la persona infectada demuestra júbilo excesivo, prefiere apartarse y estar en soledad, manifiesta un intenso desasosiego y una confusión que le impide articular palabra. La enfermedad se complica cuando al paciente se le impide contemplar el objeto amado, en estas circunstancias el amante sincero cae necesariamente en un estado de abatimiento que a menudo lo obliga a guardar cama. Luego el mal ataca el cerebro y entonces el amante enloquece y delira. Según Basilio de Ancira los síntomas de la enfermedad del amor son parecidos a los de la licantropía. La vista se debilita, los ojos se hunden y se quedan sin lágrimas, la lengua se va secando y se cubre de pústulas, el cuerpo también se seca y siempre se tiene sed. Es fácil reconocer a los que sufren este mal pues pasan todo el día tendidos boca abajo, con el rostro y los tobillos cubiertos de marcas semejantes a las mordeduras de perros, y por las noches vagan por los cementerios como lobos. Pero es Plutarco quien ofrece una prueba contundente sobre la veracidad de esta teoría. Cuenta el historiador griego que Seleuco, rey de Siria, tenía un hijo llamado Antíoco que se destacaba por su gran físico Sin embargo en lo mejor de su juventud el príncipe palideció, bajó considerablemente de peso y sufrió fiebres altas. Luego de varios exámenes su médico determinó que el futuro rey sufría de mal de amores. La enfermedad era difícil de curar pues Antíoco se había enamorado de su madrastra. En un acto de desprendimiento, su padre abdicó y no sólo le dio el reino sino también a su esposa. Sarampión, varicela, paperas, escarlatina y amor. Tal vez sólo sea cuestión de tiempo para que la farmacopea le otorgue al amor algún espacio en su vademécum. Por el momento, como dice el bolero, sigamos sufriendo

enero 17, 2005

Aportes para una historia de la estupidez humana

En América Central un dictador encarcela a todos aquellos que caminen descalzos por la ciudad. En Uruguay el gobierno veta el libro " Teoría del Cubismo” por considerar que es una apología al régimen de Fidel Castro y en España prohíben la publicidad de supositorios por sugerir una práctica sodomita. La pregunta es: ¿qué está pasando?, por qué ciertas personas actúan de esta manera. La respuesta es sencilla y sorprendente, los hombres, principalmente aquellos que detentan el poder, han sido atacados por el virus de la estupidez. Las siguientes crónicas tendrán como protagonistas a un ejército de badulaques, peleles, monigotes y pelafustanes que a golpe de negligencias, sandeces, tonterías y torpezas, están enriqueciendo lo que el investigador Paul Tabori llama la historia de la estupidez humana. No crea que estas crónicas se proponen ridiculizar a la máxima estrella de la creación. En absoluto. Sólo se pretende que, además de la risa o el llanto, sugieran una reflexión, pues el virus de la estupidez puede tocar nuestra puerta en cualquier momento. TRUJILLO, FRANCO Y SUS AMIGOS. El dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo tal vez sea una de las personas que más aportó a la historia universal del absurdo. No sólo nombró a su hijo Ramfis, de tres años de edad, coronel del ejército; también emitió un dispositivo que obligaba vender su imagen junto a los santos más populares. Este dictador, al que no le avergonzaba fotografiarse con la espada del Cid Campeador y el sombrero de Napoleón, ordenó a escultores y dibujantes desaparecer de sus obras la abundante papada que ostentaba y en su lugar poner un mentón en punta. Artista que ponía papada, artista que terminaba en el calabozo. Ahí no concluye el absurdo. En 1936 dictó una ley que prohibía a la gente caminar descalza, quien carecía de zapatos terminaba caminando por el frío suelo del calabozo, y no salía hasta tener como fianza por lo menos un par de mocasines. La ley se proponía incentivar la venta de zapatos, negocio que Trujillo monopolizaba. Se puede pensar con justa razón que el background de tonterías de este personaje es insuperable, pero no es así, pocos años después en España un dictador que aseguraba gobernar por voluntad divina, dejó casi en el olvido las ridiculeces de su colega dominicano. " Para resguardar la moral y las buenas costumbres de los españoles " el generalisimo Francisco Franco emitió una serie de dispositivos que reglamentaban el uso de ropa interior femenina en los espectáculos. Antes de cualquier estreno un "experto" se encargaba de constatar si las actrices y bailarinas usaban bragas con las dimensiones aceptadas por el régimen. Ropa interior sin los centímetros sugeridos era decomisada, por supuesto, con la propietaria adentro. Ni las caricaturas escaparon al control de Franco. Por orden del dictador en todas las redacciones había un dibujante experto en alisar bustos y derrieres. “ Ninguna mujer debe mostrar pechos ni trasero, hacerlo sería terrible para la moral del español del futuro ", afirmaban los censores al tiempo que desaparecían cuanta redondez asomara por las viñetas. Pero Franco sólo llega al Olimpo del absurdo cuando en 1940 emite un dispositivo prohibiendo la palabra supositorio. El dictador creía que este término era una invitación a prácticas sodomitas. Los mas perjudicados con la norma fueron los propietarios de los laboratorios que tuvieron que vender su producto con nombres alternativos como " remedio posterior " , " cilindro antigripal " o simplemente 'supo'. A estas alturas alguien puede pensar que hay suficientes argumentos para considerar a Franco el non plus ultra de la estupidez, pero no es así. Muchos años después un grupo de entusiastas militares sudamericanos se encargó de convertir en simples anécdotas los excesos del dictador español. En 1976 la Junta Militar uruguaya emitió un comunicado prohibiendo las palabras soberanía, hambre, paloma, clandestino, verano, verde, contracanto y reforma agraria, por considerar que atentaban contra el orden establecido, quien se atreviera a mencionar tan sólo uno de estos términos era acusado de terrorismo. Como si los absurdos no fueran suficientes ese mismo año se emitió un dispositivo complementario que prohibía a los presos políticos silbar, cantar, reír, caminar rápido, dibujar o recibir dibujos de mujeres embarazadas, parejas, mariposas, estrellas o pájaros. Por aquellos años se hizo conocido el caso de Milay, hija del profesor Didasko Perez que, a pesar de sus siete años, fue detenida por sospecha de terrorismo. El delito de la menor fue llevar a su papi el dibujo de unos pajaritos. Paul Tabori, uno de los estudiosos del tema, dice que la estupidez ha costado más vidas y bienes que todas las guerras y plagas. Por eso, más que risa, llanto, dolor o pena, estas historias deberían inducir a la reflexión.

enero 03, 2005

LOPEZ, TITA Y YO ficción

Todos conocemos a un gay. Si no compartimos con él en el colegio, lo encontraremos en el barrio, el trabajo, la familia o tal vez en nuestra propia casa. El primero que conocí se llamaba Jorge. Abiertamente amanerado, Tita, como le decíamos, era la hembrita del primero K del José María Eguren de Barranco. Mis amigos me decían que no había que saludarlo. Ni siquiera lo mires pues te pegará lo que tiene, aconsejaban. La inseguridad y miedo de aquellos años no me hicieron dudar. Nunca tuve el menor contacto con ella, jamás un saludo, ni siquiera una mirada. Cuando faltaba un profesor, el salón se convertía en un burdel. Uno de los maleados del grupo que decía ser el marido de Tita, ordenaba cerrar la puerta y vigilar si venía alguien. Una vez tomadas las precauciones, empezaba el “espectáculo”. Ante el estímulo del resto, López, así se llamaba el “macho”, empezaba a reclamarle su falta de amor. La arrinconaba y decía que lo tenía abandonado. Luego la manoseaba y “punteaba”. La cosa no era tan en broma pues era evidente que el infeliz se excitaba. Esta rutina se hizo familiar en el salón. Algunos, la mayoría, festejaban, otros, entre los que me encontraba, permanecíamos indiferentes, por lo menos eso creíamos, pues finalmente con nuestra presencia avalábamos la actitud del matón. Luego del manoseo, que posiblemente terminaba con una total satisfacción, López invitaba a sus mejores amigos para “compartir” a su “mujer”. Nunca las palabras marido y mujer me parecieron tan obscenas. Algunos la tocaban. Curiosamente aquellos que evitaban el contacto eran considerados maricones. Lo dramático que habrá sido para algunos descubrir que lo que ocurría era exactamente lo contrario. Los cinco primeros años de primaria los estudié en una escuela fiscal, la secundaria en la Gran Unidad Escolar José María Eguren de Barranco. Mis mayores me habían dicho que el cambio podía ser traumático, y realmente fue así, pero no por los cursos o los profesores, sino por el pánico que me daba ser invitado a compartir a Tita. ¿Cuál sería mi reacción? He perdido la cuenta de las veces que me imaginé frente a ella. Su camisa a medio abrir como si realmente tuviera algo que mostrar, sus labios grandes, su pantalón apretado, ese perfume asqueroso y yo mirándole a los ojos, dudando entre tocarle el culo o escupirle en la cara. El miedo era lógico. Por un lado me horrorizaba ser ubicado entre los “maricones” que no se atrevían a tocarla. Yo no era maricón, a mí se me paraba cuando veía a las amigas de mi hermana, incluso se me paraba cuando espiaba a mi hermana. Por otro lado realmente no me provocaba tocarla. Sin embargo debía hacerlo para evitar que me fastidien. La verdad es que no sabía cuál sería mi reacción. Mi terror se calmaba cuando reparaba en que no era de la “mancha” de López. Incluso fuera del salón, el marido de la Tita tal vez ni se acordaría de mi cara. No había porque preocuparse, jamás me invitaría a compartir a la Tita. Pero mi cálculo falló. Había faltado un profesor y como siempre se cerró la puerta y empezó el show. Luego de las recriminaciones del caso, empezaron las invitaciones. Cuando ya se acababa la “función”, alguien grito mi nombre. Lo que tanto temí ocurrió. Aquella mañana de 1975 finalmente Tita y yo estábamos frente a frente. Fue horrible, peor que en mis pesadillas. No supe que hacer. Mis amigos, los mismos que me decían que no debía hablarle, nunca un saludo, ni siquiera una mirada, me dijeron que sólo fueron unos minutos, Para mí fue interminable. Ahí estaban sus labios, ahí su camisa a medio abrir, su pantalón apretado y su perfume, más horrible que nunca.Han pasado los años, 25, y aún se me escarapela el cuerpo al verme frente a ella. La distancia del tiempo me hace reconocer que aquella mañana pudo ocurrir cualquier cosa, sin embargo cuando el miedo y la gente me acercaron a Tita, entró un profesor y obviamente terminó todo. No quedé mal con la gente y tampoco le hice nada a Tita, el típico toque de campana que salva. Sin embargo desde aquel pienso que hubiera pasado si el profe no entraba